Locura infinita en Phnom Penh

Phnom Penh, Phnom Penh, Phnom Penh… Ese nombre extraño que tienes que escribir muchas veces antes de hacerlo correctamente…

Llegaste a la capital de Camboya como una reina, flipándolo con la generosidad de este país y, para decir toda la verdad, sintiéndote también un poco mal, porque quien se apiadó de ti esta vez haciendo autoestop era un microbús con aire acondicionado y wifi, en el que te han dejado pasar sin pagar nada, mientras son sólo unos pocos aquí los que pueden permitirse tal lujo.

En cuanto llegas vas a buscar a un contacto que te han pasado, Simona, una italiana como tienen que ser las italianas, simpática, encantadora, charlatana y llena de energía. Te recibe con la mejor de las sonrisas y te lleva por la Phnom Penh más fashion, con interminables bares donde se reúnen los expats -que son muchos-, después del trabajo, y coméis en el mejor restaurante en el que has estado desde que saliste de España.

Palacio Real en Phnom Penh, CamboyaLa capital de Camboya, con su millón y medio de habitantes, es una ciudad vibrante, viva, rebosante de energía y juventud, con oferta de todo tipo y para todos los gustos. Pero Phnom Penh, al igual que todo el país, se repone lentamente de su historia reciente, marcada por la destrucción, la barbarie y la sinrazón de los Jemeres Rojos que, bajo el mando de Pol Pot, asesinaron a 3,5 millones de personas en menos de tres años, casi un tercio de la población de Camboya en aquel momento. De ahí que se vea poca gente mayor en cualquier parte.

El “año cero”, fijado el 17 de abril de 1975, debía hacer una tabula rasa y establecer un nuevo orden, en el que no tenían cabida la educación, las conexiones familiares o de amistad ni, desde luego, ningún tipo de pensamiento, crítico o no. Todos los habitantes de las ciudades fueron redistribuidos en zonas rurales y obligados a trabajar como animales a cambio de dos tazones de arroz al día. Phnom Penh debió ser en aquel momento una auténtica ciudad fantasma, habitada por el miedo, el recelo y el horror.

Fotos en la prisión S21, Phnom Penh, CamboyaTestigo de esa época quedan dos de los lugares más visitados en la capital: la prisión S-21 y el campo de exterminio Choeung-Ek. Aunque muy duros, son de esos sitios que hay conocer, para poder entender el país que estás visitando y, más importante aún, para no olvidar la historia.

El museo Tuol Sleng, conocido como la prisión S-21, era inicialmente una escuela, convertida por los Jemeres Rojos en un centro secreto de detención y tortura, del que pocos salían con vida. Con rejas hasta el techo y alambrada por los cuatro costados, de Tuol Sleng era imposible escapar.

Las minúsculas celdas donde se mantenía a los prisioneros, los instrumentos de tortura y las imágenes de miles de personas que pasaron por allí te dejan el día entero sin voz y una nube en el entendimiento.

Prisión S21 en Phnom Penh, CamboyaTodavía tienes que esperar un día para poder ir a Choeung-Ek, el campo de exterminio al que se enviaba a los prisioneros que sobrevivían a la S-21. Fosas comunes repletas, restos de hueso y ropa que la tierra sigue escupiendo con el paso de los años, para que no olvidemos la barbarie de la que fue testigo. Montañas de cráneos apilados en un monumento memorial; miles de pulseras que los visitantes han ido dejando en señal de duelo junto a las tumbas colectivas o en el lugar en el que fueron asesinados cientos de bebés; alambradas y más alambradas que impedían escapar del horror…

Tela que escupe la tierra en  Choeung ek, Phnom Penh, Camboya

camboya_phnom_pehn_choeung_ek_arbol

Memorial en el campo de exterminio Choeung Ek, Phnom Penh, CamboyaDespués de estas dos visitas, el cuerpo se te corta y la cámara no te da para hacer fotos pero volverías sin duda a hacer el mismo recorrido una y mil veces si regresases a Phnom Penh. Hay que saber, hay que conocerlo, hay que sentir el horror porque, desgraciadamente, se siguen repitiendo situaciones similares hoy día en el mundo.

De vuelta en la ciudad alegre y bulliciosa todas las pagodas y palacios reales pasan a un segundo plano porque tu mente sigue en la época de Pol Pot… Aun así, todavía eres capaz de disfrutar de una de las cosas más típicas del sudeste asiático: alquilar una moto y meterte de lleno en el caos circulatorio de la ciudad, donde las señales tienen una función meramente decorativa, las direcciones prohibidas sólo lo son si no las necesitas y los semáforos son algo así como luces de Navidad.

Finalmente regresas al Mercado Central, punto neurálgico de la ciudad, para disfrutar regateando, observando a la gente ir y venir y, por supuesto, probando todo tipo de comidas que se te pongan por delante. En sus mercados -el Central, el Ruso, el Nocturno…- es donde Phnom Penh muestra todo su esplendor. Desde el Mercado Central sale el autobús a tu siguiente destino y no se te ocurre una despedida mejor que salir con la barriga llena de esta ciudad que, por terminar de redefinir su personalidad, ya apunta unas maneras espectaculares.
Hasta la vista, Phnom Penh.

Mercado Central en Phnom Penh, Camboya

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Pin on PinterestEmail to someone

3 comentarios en “Locura infinita en Phnom Penh

  1. Isabel

    ¡Hola Marta! Me ha sorprendido mucho tu blog, sobre todo la sección de “Nudos”, hablando de los viajeros y locales que te has ido encontrando por ahí. ¡Realmente los viajeros dan para muchos posts! Yo estuve en Camboya hace casi un año, y me quedé con ganas de volver. La gente me pareció super simpática y sonriente. No sé si conoces un libro que se llama First they killed my father, sobre la experiencia de una niña durante el exterminio por parte de los Jemeres rojos en el país, es muy triste pero muy interesante. ¡Un saludo!

Responder a Juan Pérez Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>