La energía positiva de Kratie

May 30, 2016

Escrito por

Marta

Hay días que, sin pensarlo, salen redondos, y esos han sido los días en Kratie.

Después de un viaje de automartirio desde Laos, en el que constantemente te recordabas que hubiese sido mucho mejor ir directamente hasta los templos de Angkor, en lugar de hacer esta parada en mitad de ninguna parte, llegas a esa pequeña ciudad, hogar de los esquivos delfines del Irawadi, deseando que esta vez no se te escapen.

La primera impresión de la ciudad confirmó tus temores y te fuiste a la cama sin demasiada fe.

Pero la mañana siguiente lo cambió todo.

El mercado de la ciudad rebosa de una vida contagiosa que te pone en marcha desde bien temprano. Todos compran y venden, todos sonríen. La gente va y viene por la pequeña ciudad cargada de actividad, de una contagiosa energía positiva, de la que te da ganas. Ganas de mezclarte, de conocer, de devolver las sonrisas y ganas de tener ganas.

Vendedora en el mercado de Kratie, Camboya

El desayuno en el bullicioso mercado te carga las pilas y el paseo de una hora en bici hasta el embarcadero desde el que salir a buscar los delfines, hace el resto para que comiences a sentir que Camboya tiene algo diferente. Después, en unas barcazas amarillas, sólo te queda cruzar los dedos y esperar a que los raros delfines tengan a bien pasar por delante de tus narices en el rato que vas a estar paseando por el enorme Mekong.

Kratie, CamboyaEl barquero apaga el motor en cuanto os habéis situado en mitad del río y esperáis a que algo suceda. Casi sin querer respirar. Atentos a cualquier ruido, a cualquier movimiento en la superficie del agua.

Escucháis algo a vuestras espaldas pero no os da tiempo a ver nada. Esperáis un poco más y entonces por fin sucede. Ahí está, asomando su aleta. Después la cabeza y medio cuerpo. Por fin tienes delante un maravilloso delfín del Irawadi, del que sólo quedan unas cuantas decenas de ejemplares en el mundo.

Delfines del Irawadi en Kratie, Camboya

El momento te deja con la boca abierta, con la sonrisa puesta y con la respiración contenida. Durante una hora dejáis que el ritmo del Mekong lleve la barca y disfrutáis viendo aparecer y desaparecer varios de los simpáticos delfines, extraños, con la cara chata, sin el pico que caracteriza a sus primos más conocidos.

La magia del momento en el que ves un animal que, tristemente, es posible que no vayas a poder volver a ver nunca más, no puedes explicarlo totalmente con palabras. Te llevas el corazón contento porque lo has conseguido, pero muy triste porque sabes que las posibilidades de recuperación son muy pocas, a pesar de que la población local ha aprendido que son más valiosos vivos que muertos.

Abuela en Kratie, CamboyaEl camino de vuelta sigue dándote alegrías de las buenas, de las más sencillas, como un plato de lentejas a manos de una abuela encantadora, tierna, que no se sienta a tu lado a comer porque le parece un atrevimiento, pero que está deseando charlar contigo porque no todos los días entra un extranjero en su minúscula tiendecilla. Alegrías de las buenas y sencillas como los saludos de todas y cada una de las personas que se cruzan con tu bici, y como las sonrisas auténticas y generosas de los niños que salen a tu paso. Así es Camboya, genuina, pura y deseando encontrarte.

Para rematar el día maravilloso en Kratie cruzas en una barcaza a la isla de Koh Trong, situada en medio del río frente a la ciudad, y la recorres de punta a punta dejándote inundar por el ritmo pausado de sus habitantes. La prisa no existe aquí, donde las gallinas pasean a sus anchas, los hombres trabajan el campo con calma y el sol se pone lentamente sobre el Mekong.

Koh Trong, Cambodia

La única que parece tener prisa eres tú, para poder llegar al poblado vietnamita en la otra punta antes de que zarpe el último barco que te llevará de vuelta a Kratie. Tu tiempo aquí se acaba, pero te prometes que volverás de nuevo a este sitio, que disfrutarás de Koh Trong con más calma y que vendrás a devolverle a Kratie y a sus delfines tanto como te han dado en tan poco tiempo: el gusto de sentirte de repente en casa, sin esperarlo y cuando habías sentenciado la ciudad incuso antes de haber llegado a ella.

Poblado vietnamita en Koh Trong, Camboya

Niña en Koh Trong, Camboya

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6 Comentarios

  1. JESUS JIMENEZ CABRAL

    Luis y Lucia terminan el cole el próximo martes.

    Bueno, la canción que tiene que cantar Luis dice algo de «sun shine», pero no logramos sacar nada en claro…

    Un abrazo a 3 desde Jerez.

    Responder
    • Marta

      Qué bien, ya preparándose para las vacaciones… ¡tiempo de viajes!
      Muchos besos para todos por ahí.

      Responder
  2. JESUS JIMENEZ CABRAL

    Hola, Marta.
    Es la primera vez que te escribo, aunque he visto algunas veces tu blog. Hoy tengo la visita de Lucía y Luis. Ambos quieren mandarte un abrazo muy fuerte, Luis tiene que cantar hoy una canción (que no sabemos el título)

    Responder
    • Marta

      ¡Qué alegría verte por aquí, Jesús, y más si es con los dos enanos!
      Muchos besos para los tres y suerte con la canción. 🙂

      Responder
  3. Bayo

    Muy bueno!. Genial ese positivismo y las ganas de vivir y sacar el maximo partido a la visita. Dan ganas de ir!

    Responder
    • Marta

      ¡Muchas gracias, Bayo! Pero en realidad yo no tuve que hacer nada. Todo lo hicieron Kratie y sus gentes… 🙂

      Responder

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